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La maestra de las maravillas

 Leticia Cossettini y sus alumnos relatan la experiencia pedagógica del

Coro de los Niños Pájaros realizada en Rosario,. Argentina en los años 40 del siglo XX...

A mediados de los años 30, Leticia Cossettini impulsó, junto a su hermana Olga, una de las experiencias pedagógicas más interesantes de nuestro país. A sus 100 lúcidos años, Leticia evoca aquella aventura en las aulas de Rosario donde la docencia era inseparable del arte.
"De pronto una descubre que lo que hizo alguna vez, habla, dice". Con estas palabras, pronunciadas desde el umbral de su casa, Leticia nos despidió emocionada. Un grabador indiscreto, todavía encendido, hizo posible que nos quedáramos con ellas.
Durante los meses de mayo y junio de este año las visitas a la casa de la calle Chiclana, en Rosario, se hicieron mucho más frecuentes. ¿El motivo? El 19 de mayo Leticia cumplió cien años. Que una escuela festeje su centenario, si bien es un hecho para aplaudir, no resulta sorprendente: bronces y mármoles se han inventado para resistir el paso del tiempo. Pero que una maestra cumpla un siglo, en verdad escapa de lo habitual. Si a esto le sumamos que la maestra en cuestión es la menor de las Cossettini, Leticia, quien junto con su hermana Olga llevó adelante una de las experiencias pedagógicas renovadoras más interesantes de nuestro país, el júbilo será todavía mayor.
Leticia tiene el pelo blanco, finito, y lleva rodete. Sus ojos algo achinados dan la impresión de haber quedado así luego de tanto sonreír. Al no usar anteojos, la emoción que transmite su mirada es sin mediaciones. Leticia habla pausado, pero la lentitud de su pronunciación no parece venir de la mano de sus largos años de vida, sino del placer que sienten aquellos que gustan de las palabras. "El secreto de la lengua está en la melodía que dan las palabras, no son palabras sueltas, insignificantes", dice. Leticia frasea, pinta, entona, juega, inventa con las palabras que, con meticuloso cuidado, selecciona. "El lenguaje es así una transformación bellísima del oído, de la lengua, de la mirada, que atrae a los seres más sutiles".
Con estilo inconfundible, la señorita Leticia sortea las clásicas preguntas sobre la experiencia de la escuela Carrasco para hablarnos, sencillamente, de lo que tiene ganas. Con sutileza, además, nos invita a escucharla: "Cuando el hombre escucha, es capaz de tomar la lengua y dejarla que se exprese, que vuele, que hable; es un bello ejercicio". Leticia nos pide que la acompañemos en un viaje por sus recuerdos, pero antes de relatarles algunas de las escalas del ensoñador periplo queremos contarles lo que ella no dijo: quién es Leticia Cossettini y por qué su cumpleaños número cien fue recibido con tanta alegría.

AULAS DE PUERTAS ABIERTAS

Leticia formó parte del equipo de maestras de la escuela Dr. Gabriel Carrasco durante los 15 años que duró la gestión de Olga. Corría 1935 cuando Olga Cossettini fue designada directora de la Carrasco, una escuela pública de la santafesina ciudad de Rosario. A partir de una ajustada mezcla de intuición, pero también de estudio e investigación sistemática, constancia y trabajo, Olga Cossettini y su plantel docente sostuvieron hasta 1950 una de las experiencias pedagógicas más interesantes en la Argentina de la primera mitad del siglo XX. Su adhesión explícita a los postulados del movimiento educativo de alcance internacional conocido como escuela nueva o escuela activa motivó que las autoridades estatales declararan a este establecimiento como experimental.
A la escuela de jornada simple, ubicada en el barrio Alberdi -un barrio de casas bajas, cercano al río Paraná-, asistía una población diversa: hijos e hijas de pescadores y obreros, de comerciantes de clase media y de familias acomodadas de la zona. Sin dar la espalda a los programas oficiales y con muchos alumnos que trabajaban fuera del horario escolar repartiendo pan, como lecheros o canillitas, la Carrasco sufrió una verdadera transformación: "No se trataba de cambios de horarios y de programas; era una reforma profunda de la vida de la escuela que, con espíritu nuevo, iba a abrir de par en par las puertas de las aulas a la vida", escribió Olga en uno de sus textos que lleva por título Sobre un ensayo de Escuela Serena en la provincia de Santa Fe.
Leticia, además de acompañar a su hermana de manera incondicional, le imprimió a la cotidianidad de la escuela su sello particular: el de una mujer que al mismo tiempo que maestra era artista. El Coro de Niños Pájaros, el Teatro de Niños y el de Títeres, la danza, así como los conciertos fonoeléctricos quincenales donde sonaban Mozart o Schubert y esas ilustraciones en acuarela que desbordaban desprejuiciadamente los márgenes y renglones de los cuadernos de clase, tenían la impronta inconfundible de la señorita Leticia. En la escuela Carrasco no había "hora de" dibujo, artes plásticas o expresión corporal; la educación estética era parte nodal de la formación de los niños. Las asignaturas perdían sus contornos y tanto la biología como la geografía podían invitar a recurrir al pincel o a la poesía. En la base de esta manera de concebir el currículum estaba la convicción de que la escuela debía ensanchar la capacidad del niño de imaginar, de crear, de expresarse y de elegir en qué lenguaje hacerlo.
Pero la fisonomía de esa escuela no solo se destacaba por su costado artístico. Además del intenso trabajo en el laboratorio, el estudio en la biblioteca y las excursiones diarias, se realizaban las llamadas Misiones de Divulgación Cultural que consistían en sacar la escuela a la calle, contactándola con el barrio y su gente. Muchas de las actividades escolares eran organizadas por los alumnos desde el Centro Estudiantil Cooperativo que, entre otras cosas, editaba una revista: La voz de la escuela.

LETICIA MAESTRA

"Traigo un bello origen, vengo de una larga familia de maestros. Mi padre era un maestro italiano residente en la Argentina", dice Leticia explicando un poco cómo nació su pasión por la docencia. ¿Y dónde estudió para ser maestra? Con sabiduría, Leticia construye una respuesta que trasciende ampliamente la pregunta, y antes de circunscribir el relato a sus años mozos de formación en la Escuela Normal Domingo de Oro, de Rafaela -donde en 1921 se recibió de maestra-, contesta: "Mis maestros no fueron los sabios, mis maestros fueron la gente que tiene una sensibilidad encantadora para transmitir no solo el pensamiento sino lo otro, lo que está detrás de la idea. Eso para mí cuenta muchísimo, por la gracia del pensamiento, por la alegría de encontrarse".
Leticia quiere hoy hablar de gente que se encuentra en las palabras, pero también en las ideas, en el pensamiento. Varias personalidades de renombre visitaron por aquel entonces la escuela Carrasco y Leticia es atraída por el recuerdo de dos de ellos: Juan Ramón Jiménez y Gabriela Mistral. "Juan Ramón Jiménez estuvo en la escuela en dos circunstancias. Fueron encuentros felices, había un enlace afectuoso de la lengua pero también de las ideas. Era un ser espléndido, con ese don de gentes que tienen ciertas personas que transmiten la gracia del idioma". Comenta Leticia que, para recibir a Juan Ramón Jiménez, los chicos representaron con títeres algunas de las escenas de Platero y yo. Al recordar a la chilena Gabriela Mistral, Leticia dice: "Gabriela entraba con un aire desprejuiciado, abierto, lleno de encanto. Era sencillamente delicioso un encuentro como ese".

LETICIA ARTISTA

Leticia necesita un breve recreo y salimos a conocer su jardín. Al regresar, el elogio de las figuras de chala y corteza que pueblan su living le da un nuevo rumbo a la conversación. "A mí siempre me gustó, desde pequeña, descubrir las formas de las cosas. Cuando empecé a hacer esos trabajos me parecían tan extrañas las figuras, pero sin embargo empezaron a andar, a moverse, y resultan curiosas. Todas las figuras de chala, todas las de corteza son diferentes en la estructura, tienen un ritmo completamente diferente; después viene el despojo de las formas". De pronto, Leticia se detiene frente a una de las figuras, la toma entre sus manos y dice: "Yo las hago y después las dejo que anden, cada una tiene su ritmo y eso es muy hermoso. Las figuras se escapan de las formas, van hacia otro sendero. Cada uno brilla con los ojos que tiene". ¿Metáfora de lo que significa enseñar, esto es, contribuir a dar forma a alguien para que después ese alguien siga a su propio ritmo, brille con su luz, se escape de la forma preestablecida? Una de nosotras se anima a preguntar, despacito, si acaso esa reflexión puede trasladarse a la enseñanza. Leticia no contesta, el interrogante queda flotando en el aire.

EL CIERRE DE LA ESCUELA

En 1950, Olga Cossettini fue exonerada de su cargo. Es sabido que fueron las discrepancias políticas e ideológicas con el Gobierno las que desencadenaron este desenlace. En realidad, las medidas oficiales contra la directora de la escuela Carrasco comenzaron un tiempo antes y se señala a Leopoldo Marechal -el conocido escritor entonces presidente del Consejo General de Educación de la provincia de Santa Fe- como el responsable de firmar el primero de una serie de decretos que conducirían al cese definitivo de la experiencia. El episodio muestra que las palabras y los escritos muchas veces pueden formar figuras expulsoras y furiosas. Quizás de eso también esté hablando Leticia al insistir con que las palabras deben usarse para el encuentro y el enlace.
La partida de las Cossettini fue vivida con congoja por los alumnos de la escuela, quienes a través de cartas, composiciones y hasta carteles de protesta manifestaron su enojo y su tristeza. Norma, de 12 años, alumna de 6º grado, escribió el 18 de noviembre de 1950 una redacción que lleva por título Recuerdo y dice así: "Me entristezco al pensar en aquellas alegres excursiones que hacíamos con mis compañeros y la señorita Leticia los días que acariciaba el sol. Esos finos y bulliciosos cantos que entonábamos para embellecer el paseo admirando los arroyos, las erguidas espigas, las delicadas margaritas silvestres con que tropiezo en el camino polvoriento. Bajar escaleras, correr bajo los sauces que mecen sus cabellos finos reflejados en una laguna dormida; pisotear el yuyo dejando atrás las huellas de la alegría. Todo esto ya no lo haré más y no iré a recorrer esos lugares del brazo cariñoso de la señorita Leticia y mis compañeras".
Estos días en que Leticia Cossettini cumple cien años son una buena ocasión para reparar esta injusticia y saludar en este mismo gesto a los maestros y maestras que confían en las posibilidades de la educación, en la importancia de la libertad y de la creación en la transmisión de la cultura. Es cierto: lo que ella hizo en la escuela Carrasco hace ya más de 50 años sigue hablando. Nos alegra saber que todavía tiene mucho por decir.

Ana Laura Abramowski para El Monitor

Listado de los Premios Nobel de Literatura

Los Premios Nobel  se otorgan anualmente desde 1901 a aquellas  personas que "han hecho una gran contribución a la humanidad  durante el año precedente". El premio se anuncia generalmente en octubre y se entrega el 10 de diciembre en recuerdo del fallecimiento de Alfred Nobel,  industrial sueco inventor de la dinamita, en el año 1896.       Cada premio consta de una medalla, un diploma personal y una  suma de 10 millones de coronas suecas (1,4 millones de dólares  USA).

Los Premios Nobel de Literatura

1901 Sully Prudhomme (Francia, 1839-1907) poeta
1902 Theodor Mommsen (Alemania, 1817-1903) historiador
1903 Bjornstjerne Bjornson (Noruega, 1832-1910) novelista, poeta y dramaturgo
1904 Frederic Mistral (Francia, 1830-1914) poeta
          José Echegaray (España, 1832-1916) dramaturgo
1905 Henryk Sienkiewicz (Polonia, 1846-1916) novelista
1906 Giousue Carducci (Italia, 1835-1907) poeta
1907 Rudyard Kipling (Gran Bretaña, 1865-1936) poeta y novelista
1908 Rudolf Eucken (Alemania, 1846-1926) filósofo
1909 Selma Lagerlof (Suecia, 1858-1940) novelista
1910 Paul von Heyse (Alemania, 1830-1914) poeta, novelista y dramaturgo
1911 Maurice Maeterlinck (Bélgica, 1862-1949) dramaturgo
1912 Gerhart Hauptmann (Alemania, 1862-1946) dramaturgo
1913 Rabindranath Tagore (India, 1861-1941) poeta
1914 -no concedido-
1915 Romain Rolland (Francia, 1866-1944) novelista
1916 Verner Von Heidenstam (Suecia, 1859-1940) poeta
1917 Karl Gjellerup (Dinamarca, 1857-1919) novelista
           Henrik Pontoppidan (Dinamarca, 1857-1943) novelista
1918 -no concedido-
1919 Carl Spitteler (Suiza, 1845-1924) poeta y novelista
1920 Knut Hamsun (Noruega, 1859-1952) novelista
1921 Anatole France (Francia, 1844-1924) novelista
1922 Jacinto Benavente (España, 1866-1954) dramaturgo
1923 William Butler Yeats (Irlanda, 1865-1939) poeta
1924 Wladyslaw Reymont (Polonia, 1868-1925) novelista
1925 George Bernard Shaw (Irlanda, 1856-1950) dramaturgo
1926 Grazia Deledda (Italia, 1871-1936) novelista
1927 Henri Bergson (Francia, 1859-1941) filósofo
1928 Sigrid Undset (Noruega, 1882-1949) novelista
1929 Thomas Mann (Alemania, 1875-1955) novelista
1930 Sinclair Lewis (EEUU, 1885-1951) novelista
1931 Erik Axel Karlfeldt (Suecia, 1864-1931) poeta
1932 John Galsworthy (Gran Bretaña, 1867-1933) novelista
1933 Ivan Bunin (URSS, 1870-1953) novelista
1934 Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936) dramaturgo
1935 -no concedido-
1936 Eugene O Neill (EEUU, 1888-1953) dramaturgo
1937 Roger Martin du Gard (Francia, 1881-1958) novelista
1938 Pearl S. Buck (EEUU, 1892-1973) novelista
1939 Frans Eemil Sillanpaa (Finlandia, 1888-1964) novelista
1940 -no concedido-
1941 -no concedido-
1942 -no concedido-
1943 -no concedido-
1944 Johannes Vilhem Jensen (Dinamarca, 1873-1950) novelista
1945 Gabriela Mistral (Chile, 1889-1957) poeta
1946 Hermann Hesse (Alemania, 1877-1962) novelista
1947 Andre Gide (Francia, 1869-1951) novelista
1948 T. S. Eliot (Gran Bretaña, 1888-1965) poeta
1949 William Faulkner (EEUU, 1897-1962) novelista
1950 Bertrand Russell (Gran Bretaña, 1872-1970) filósofo
1951 Par Lagerkvist (Suecia, 1891-1974) novelista
1952 Francois Mauriac (Francia, 1885-1970) poeta, novelista y dramaturgo
1953 Winston Churchill (Gran Bretaña, 1874-1965) historiador
1954 Ernest Hemingway (EEUU, 1899-1961) novelista
1955 Halldor Laxness (Islandia, 1902-1998) novelista
1956 Juan Ramón Jiménez (España, 1881-1959) poeta
1957 Albert Camus (Francia, 1913-1960) novelista y dramaturgo
1958 Boris Pasternak (URSS, 1890-1960) novelista
1959 Salvatore Quasimodo (Italia, 1901-1968) poeta
1960 Saint-John Perse (Francia, 1887-1975) poeta
1961 Ivo Andric (Yugoslavia, 1892-1975) novelista
1962 John Steinbeck (EEUU, 1902-1968) novelista
1963 Georgos Seferis (Grecia, 1900-1971) poeta
1964 Jean Paul Sartre (Francia, 1905-1980) filósofo
1965 Mijail Sholojov (URSS, 1905-1984) novelista
1966 Samuel Yosef Agnon (Israel, 1888-1970) novelista
           Nelly Sachs (Alemania, 1891-1970) poeta
1967 Miguel Angel Asturias (Guatemala, 1899-1974) novelista
1968 Yasunari Kawabata (Japón, 1899-1972) novelista
1969 Samuel Beckett (Irlanda, 1906-1989) novelista y dramaturgo
1970 Alexandr Solzhenitsin (URSS, 1918) novelista
1971 Pablo Neruda (Chile, 1904-1973) poeta
1972 Heinrich Boll (Alemania, 1917-1985) novelista
1973 Patrick White (Australia, 1912-1990) novelista
1974 Eyvind Johnson (Suecia, 1900-1976) novelista
          Harry Martinson (Suecia, 1904-1978) novelista y poeta
1975 Eugenio Montale (Italia, 1896-1981) poeta
1976 Saul Bellow (EEUU, 1915) novelista
1977 Vicente Aleixandre (España, 1896-1984) poeta
1978 Isaac Bashevis Singer (EEUU, 1904-1991) novelista
1979 Odysseus Elytis (Grecia, 1911-1996) poeta
1980 Czeslaw Milosz (Polonia, 1911-2004) poeta
1981 Elias Canetti (Gran Bretaña, 1905-1994) novelista
1982 Gabriel García Márquez (Colombia, 1928) novelista
1983 William Golding (Gran Bretaña, 1911-1993) novelista
1984 Jaroslav Seifert (Checoslovaquia, 1901-1986) poeta
1985 Claude Simon (Francia, 1913-2005) novelista
1986 Wole Soyinka (Nigeria, 1934) poeta y dramaturgo
1987 Joseph Brodsky (EEUU, 1940-1996) poeta
1988 Naguib Mahfuz (Egipto, 1911-2006) novelista y poeta
1989 Camilo José Cela (España, 1916-2002) novelista
1990 Octavio Paz (México, 1914-1998) poeta
1991 Nadine Gordimer (Sudáfrica, 1923) novelista
1992 Derek Walcott (Santa Lucía, 1930)
1993 Toni Morrison (EEUU, 1931) novelista
1994 Kenzaburo Oe (Japón, 1935) novelista
1995 Seamus Heaney (Irlanda, 1939) poeta
1996 Wislawa Szymborska (Polonia, 1923) poeta
1997 Darío Fo (Italia, 1926) dramaturgo
1998 José Saramago (Portugal, 1922) novelista
1999 Gunter Grass (Alemania, 1927) novelista y poeta
2000 Gao Xingjian (China, 1940) novelista
2001 V.S.Naipaul (Gran Bretaña, 1932) novelista
2002 Imre Kertesz (Hungría, 1929) novelista
2003 J.M.Coetzee (Sudáfrica, 1940) novelista
2004 Elfriede Jelinek (Austria, 1946) novelista
2005 Harold Pinter (Gran Bretaña, 1930) novelista
2006 Orhan Pamuk (Turquía, 1952) Novelista
2007 Doris Lessing ( Kermanshah, (antígua Persia, hoy Irán) el 22 /10/1919, reside en Londres) Novelista

2008  Jean-Marie Gustave Le Clezio ((Niza, Francia, 13 de abril de 1940), Novelista

La lectura: preguntas necesarias

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/yolandareyes/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3416137.html

 MÁS ALLÁ DE LA FANFARRIA
 Yolanda Reyes.

  
   
  Las capacidades que caracterizan a los lectores competentes superan el concepto de alfabetización y no se logran a corto plazo.
    Conjugar el verbo leer con Bogotá Capital Mundial del Libro y otras tantas celebraciones es un buen punto de partida para cambiar aquel adagio de "la letra con sangre entra". Pero conviene recordar que la formación de lectores va más allá de las noticias de entretenimiento.
 
  Se trata de un proceso evolutivo de complejidad creciente que ocurre durante un periodo prolongado del desarrollo, desde la infancia a la adultez, como resultado de un trabajo educativo dentro y fuera de la escuela. La formación lectora demanda una inversión enorme de tiempo y dinero; una continuidad de políticas, programas y equipos técnicos y una permanente evaluación. Además de valiosos esfuerzos oficiales y privados, postulaciones honoríficas o gestiones de buena voluntad, requiere un cambio cultural en torno a otro proyecto de nación en el que el acceso a la cultura escrita se asuma como condición de desarrollo económico y político.
 
  Por ese carácter de proceso, parece más eficaz edificar grandes bibliotecas que construir, en los lectores, estructuras mentales para pensar de forma organizada, examinar opciones, elegir y contrastar fuentes, interpretar, juzgar, expresarse, imaginar mundos posibles y poseer una herramienta de aprendizaje para el resto de la vida. Esas capacidades que, según las investigaciones, caracterizan a los lectores competentes superan el concepto de alfabetización y no se logran a corto plazo ni dan réditos políticos. Pero tenemos pruebas del costo que pagamos por no formarlas en la mayoría de los ciudadanos.
 
  La experiencia de México puede suscitar algunas reflexiones para el caso colombiano. Al final de la administración Fox se le hizo una evaluación al Programa Nacional de Lectura, dirigida por profesores de Harvard. La investigación, que se publicó recientemente, examina el impacto de la política de dotación de materiales bibliográficos desarrollada por el Estado. Desde hace 50 años, el Programa Nacional de Libros de Texto Gratuitos provee textos a los estudiantes de escuelas públicas en todos los niveles, y la iniciativa se complementó desde hace casi dos décadas con la dotación de bibliotecas escolares y colecciones de aula. La evaluación señala que cada alumno mexicano dispone, durante los 11 grados de escolaridad obligatoria, de un promedio de 2.500 títulos literarios e informativos para formarse como lector.
 
  A pesar de semejante inversión, que contempla también la formación docente, los resultados indican que la presencia física de libros e infraestructura es "una condición necesaria pero no suficiente" para producir lectores avanzados; que las competencias lectoras de los jóvenes mexicanos son aún deficientes y que no hay una relación causal entre el placer de leer reportado por los alumnos y su nivel de comprensión.
 
  Si bien se reconoce la formación de hábitos lectores en poblaciones tradicionalmente excluidas de los libros, el desafío es partir de esa motivación para fortalecer un trabajo pedagógico más riguroso, encaminado al logro de competencias comprensivas e interpretativas.
 
  Muchas de las preguntas surgidas por esa evaluación suscitan otras que deberíamos empezar a plantearnos en Colombia.
 
  Por ejemplo, ¿cuántos años o generaciones se necesitan para formar lectores competentes y cuáles son los escenarios más propicios para gastarnos los mínimos recursos asignados? ¿Será más eficaz construir bibliotecas públicas que crear bibliotecas de aula? ¿Cómo enseñar a leer en escuelas sin libros, y con maestros no lectores? ¿Cuál es la propuesta de articulación entre el Plan Nacional de Lectura y la educación formal? ¿Cómo adivinar hacia dónde dirigir esfuerzos, sin más evaluación que un par de encuestas sobre hábitos de lectura y consumo de libros que nada dicen sobre las formas de leer? ¿Cuál es el papel de los medios en un país que cuenta con un solo diario de circulación nacional? ¿Cómo apoyar las librerías, las publicaciones y los proyectos culturales? ¿Para qué escribir si nadie lee?
 
  Propongo robarles un tiempo a la fanfarria y los discursos para abordar estas cuestiones. Que cada ciudadano contraste fuentes, interprete y ejerza la lectura crítica, para que luego de las fiestas quede algo más que la resaca.
  
   

La lectura en contextos de Aprendizaje Cooperativo.

http://weblog.educ.ar/espacio_docente/lengua/archives/001613.php

Para trabajar en clase Graciela Simari





En los comienzos de la vida de un niño, lo acercamos intuitivamente a la lectura. En el momento de dormir le leemos un cuento, le mostramos imágenes del mismo, nos reímos con las rimas disparatadas, lo escuchamos preguntar y repreguntar sobre los episodios y personajes de la historia leída. Estamos acercándolo a la lectura.
Mucho mejor es cuando vamos juntos a una biblioteca y pedimos un libro de interés para el niño y…uno para nosotros.
Mejor aún es cuando ese mismo niño, observa que nos divertimos con la lectura, que la dejamos para el momento de recreación en vez de mirar la tele o de jugar con la computadora: estamos enseñando a un niño cómo es ser un lector, pero sobre todo, le estamos enseñando que se puede leer acompañado, que la lectura es una práctica que se comparte…y se disfruta.
¿Pero qué ocurre cuando un niño llega a la Escuela sin haber vivenciado el placer por leer? ¿Cómo promoverlo desde nuestro rol de docentes?
Dejarlo como una carencia irrecuperable nos resulta desacertado ya que consideramos a la Escuela como el lugar apropiado para la socialización, entre otras prácticas, de la lectura.
Aplicar la lectura en contextos del Aprendizaje Cooperativo sería una de las respuestas. Desde el momento en que existe una “falta” existe la oportunidad de cubrirla. Hacer de la lectura una instancia de cooperación sería poder cubrir la falta y festejar con un otro el hecho de haberlo logrado.
En esta ponencia queremos evocar nuestra experiencia sobre el Aprendizaje Cooperativo, como método de enseñanza aplicado a la lectura y los resultados que hemos obtenido con ello.

Hoy el mundo es más complejo y nos exige adquirir competencias que nos posibiliten insertarnos en actividades políticas, sociales, culturales y laborales para las cuales la alfabetización tradicional ya no es suficiente.
A pesar del incremento en los años de escolaridad y de la expansión de la cobertura escolar, los índices de analfabetismo y de iletrismo reflejan el aumento de la marginalidad, fragmentación social y exclusión que caracteriza a muchos países como el nuestro.
Aumentaron las desigualdades materiales y simbólicas de la población y la escuela debe aprender a trabajar con la heterogeneidad. Las diferencias entre aquellos niños que provienen de familias en las que hay contacto con libros, en las que leer es un acto valorado y los que pertenecen a hogares en los que la lectura no es importante es que los primeros aprenden a leer más fácilmente. Y esa diferencia radica, según señala Emilia Ferreiro (2001), en una pertenencia a una “cultura letrada”; a esos niños alguien significativo los estimuló para hablar, tuvieron espacio para hacer preguntas, les pidieron explicaciones, les leyeron en voz alta, les contaron cuentos, participaron en situaciones sociales donde leer y escribir tenía sentido, vieron escribir y tuvieron la posibilidad de producir marcas sobre un papel.
La lectura es una construcción social que supone, siguiendo a Jean Hébrard (2000), compartir sentidos. Los alumnos ingresan a la escuela para entender la significación del mundo que los rodea. Por lo tanto la escuela tiene un papel fundamental ya que les permite a los niños descubrir y comprender sentidos compartidos. Si la escuela no crea las condiciones para que los escolares puedan leer y escribir los deja afuera, los expulsa de la sociedad condenándolos a la marginación y al fracaso. Atender a la desigualdad cultural hace necesario mejorar las prácticas de lectura.
Los maestros debemos educar para la diversidad y comprometernos para lograr la inclusión de todos respetando las diferencias. Michèle Petit (2000) dice que en contextos donde no es habitual la lectura, “la mejor manera de contagiar el hábito de leer es multiplicar las oportunidades de mediaciones, de encuentros”. Hay que posibilitar a todos nuestros alumnos la experiencia de leer. Se trata entonces de buscar propuestas y experiencias que posibiliten encontrarse con lo diverso, respetando distintas trayectorias y ritmos diferentes. El aprendizaje cooperativo es una de las estrategias para prevenir la exclusión y resulta eficaz para dar respuesta a los cambios sociales.

Un acercamiento al Concepto de Aprendizaje Cooperativo
El Aprendizaje Cooperativo es una metodología de enseñanza que promueve la conciencia social, el establecimiento de objetivos comunes y el esfuerzo compartido de los alumnos para alcanzarlos. Es funcionar en términos de colaboración para alcanzar el beneficio personal y de los otros integrantes del equipo y para aquellos grupos sociales y comunitarios que deseen emprender una tarea común.
Tiene por finalidad didáctica potencializar el desarrollo del aprendizaje individual enriqueciendo, a la vez, el de los miembros del grupo que se conforme.
Generalmente se aplica a grupos pequeños para favorecer la interacción cara a cara de todos los integrantes.
El Aprendizaje Cooperativo se contrapone a la práctica basada en el individualismo, sin embargo no excluye la individualidad dado que si bien el aprendizaje se logra en interacción con los otros, se fomenta el crecimiento propio y el de los miembros intervinientes de manera simultánea respetándose las capacidades y tiempos de cada uno de los sujetos de aprendizaje.
Una de las ideas más concretas del marco sociocultural del aprendizaje, originalmente formulado por Vigotsky, nos acerca a la concepción de un aprendizaje intersubjetivo que luego se convierte en intrasubjetivo , pero en ese “pasaje” se necesita la guía de un adulto o de otro par más capaz.
El objetivo del Aprendizaje Cooperativo es prospectivo ya que tiende al alcance de las metas propuestas en común por parte de un grupo.
Como señala Vigotsky (2000) en su teoría de Zona de Desarrollo Próximo, "El aprendizaje despierta una serie de procesos evolutivos internos capaces de operar sólo cuando el niño está en interacción con las personas de su entorno y en cooperación con algún semejante. Una vez que se han internalizado estos procesos, se convierten en parte de los logros evolutivos independientes del niño”.
Muchas veces en clase hemos sido testigos de cómo un alumno, ante la duda de un compañero, realiza excepcionalmente una “transposición didáctica” traduciendo el lenguaje del maestro al lenguaje del alumno y esforzándose para que ese “otro” lo entienda.
Vigotsky sostiene que para que se logre el desarrollo de la persona se tiene que dar primero el aprendizaje, es decir que no se trata de capacidades biológicas intelectuales previas como condición indeclinable para que el desarrollo se logre, sino todo lo contrario: acrecentar las capacidades de interacción para que ese aprendizaje intersubjetivo (o interpsíquico) pueda anclarse en el desarrollo individual de cada alumno a manera intrasubjetiva (o intrapsíquica).
Se trata de un sujeto no solamente activo, sino más bien interactivo, que puede lograr un desarrollo de “afuera hacia adentro”, del entorno al interior. Es por eso que el Aprendizaje Cooperativo tiene su basamento principal en un aprendizaje “social” y no individual.
Ideas centrales del Aprendizaje Cooperativo:
La formación de grupos.
La Interdependencia Positiva
La responsabilidad individual.
Formación de grupos.
Johnson y Johnson (1999) sostienen que los grupos tienen que ser heterogéneos y que pueden organizarse de tres maneras diferentes:
Como grupo formal de Aprendizaje Cooperativo
Como grupo informal de Aprendizaje Cooperativo
Como grupo de Base Cooperativa.
El grupo formal de Aprendizaje Cooperativo puede funcionar desde una hora semanal hasta varias semanas de clase. Su marco de tiempo y espacio es más constante.
Habrá de tenerse en cuenta la participación de todos los integrantes del equipo y asegurarse que en tiempo previamente convenido se entregue el trabajo requerido por el docente.
El grupo informal de Aprendizaje Cooperativo tiene una duración menor en tiempo con respecto al grupo formal, ya que lleva unos pocos minutos de trabajo grupal. Tiene la apariencia de una técnica participativa, pero la propuesta de este tipo de agrupamiento es primordialmente para sintetizar, exponer, explicar, aplicar la nueva información a la ideas inclusoras ya aseguradas previamente.
Este tipo de agrupación se puede utilizar para dar cierre a una clase, durante el momento de enseñanza, para ,“antes” de la presentación de determinado tema, dar la posibilidad de un acercamiento al concepto teniendo en cuenta los aprendizajes previos.
El grupo de Base Cooperativa tiene un funcionamiento más estable y perdurable, ya que su duración es más prolongada, en algunos casos durante todo el ciclo lectivo, pero para ello debe tenerse en cuenta que los miembros de los grupos son permanentes, por lo que es importante-previo a la conformación definitiva grupal- asegurarse con técnicas diversas que esos grupos pueden operar interactivamente para el logro del beneficio común asegurando el rendimiento efectivo y afectivo.

Mas informaciòn en el enlace.

EL PAPEL DE LA BIBLIOTECA

 Actualmente son un centro de recursos para la investigación y el aprendizaje de los universitarios.  `

por Vincent Falomir
       
  La concepción clásica de la biblioteca ha ido cambiando a lo largo de los años, ya que si antes solo era expendedora de libros, lugar de estudio para los alumnos, depósito de libros-, hoy en día la biblioteca se concibe como un centro abierto, vivo, como un punto de encuentro, como un centro de formación. La biblioteca universitaria es en la actualidad un centro de recursos para la investigación y el aprendizaje, lo que se conoce a nivel nacional con las siglas CRAI.
  En esta línea, desde el año 2000 la biblioteca de la Universitat Jaume I lleva impulsando diversos cursos de postgrado. En total se han realizado siete ediciones del curso de especialización Organización y gestión de la información documental; tres ediciones del curso de especialización Gestión de los recursos digitales en la empresa; cuatro ediciones del curso de formación continua Como implantar un sistema de gestión documental y un sistema archivístico en una institución, y dos ediciones del curso Evaluación de la calidad en sitios web.
 
  EN TOTAL han participado 645 estudiantes a lo largo de todos estos años. La procedencia de este alumnado es muy variada, tanto de las diferentes comunidades autónomas destacando por el número de alumnos Andalucía, Canarias, País Vasco- como del extranjero: Francia, Grecia, Portugal, Italia, Argentina, Perú, Colombia, Brasil, etc. Para los estudiantes de América Latina existe una convocatoria de dos becas por edición para sufragar el 50% de la matrícula.
  El perfil de los estudiantes es heterogéneo: en su mayoría son profesionales tanto del ámbito público como de la empresa que buscan su formación continua y actualización de sus conocimientos. También en todas las ediciones hay un porcentaje importante de estudiantes que han terminado sus estudios superiores y quieren especializarse en el campo de la documentación.
  El profesorado que ha participado en estos cursos ha estado compuesto por profesionales de nuestra Universitat, de la Universitat de Barcelona, Politécnica de Valencia y Universitat Pompeu Fabra. Por poner un ejemplo, en la presente edición del postgrado sobre Información documental el 50% del profesorado pertenece a nuestra universidad y el resto a la Universidad de Barcelona.
  En cuanto al perfil del profesorado se ha buscado el equilibrio entre personal docente multidisciplinar (de diferentes áreas de conocimiento: derecho, empresa, biblioteconomía-) y profesionales del ámbito de la empresa y de la administración pública (Corts Valencianes, Servicio de Información y Documentación Caixa Holding S.A., Instituto de la Gestión de la Innovación y del Conocimiento, etc.).
  Como hemos comentado anteriormente, el primer evento formativo que organizó la biblioteca fue el de Organización y gestión de la información documental, que se proyectó y diseñó a lo largo de 1999 para ponerlo en funcionamiento el año siguiente. Este curso de especialización de 220 horas se imparte desde el principio de manera no presencial, es decir por internet, utilizandose en un primer momento la plataforma webCT y actualmente, la herramienta Moodle. Como consecuencia del éxito obtenido y las demandas de los propios estudiantes se constituyó un nuevo curso de especialización de 220 horas, también por internet, centrado en la gestión de recursos digitales para la empresa, del cual se han llevado a cabo tres ediciones.
  Desde hace un par de años la biblioteca continúa con esta labor docente centrándose esta vez en la implantación de un sistema de gestión de documentos, tanto en soporte papel como electrónico. Las cifras hablan por sí solas: superamos en todos ellos el límite de alumnos, y en el caso de este, hemos tenido que confeccionar dos ediciones en un mismo semestre.
  Desde Rebiun (Red de Bibliotecas Universitarias Españolas) se encargó a la biblioteca de la Universitat Jaume I la organización de un curso para profesionales de toda España, sobre la Evaluación de sitios web y la arquitectura de la información y al igual que los otros tres, ha funcionado muy bien.
 
  EN DEFINITIVA, la finalidad de todos estos cursos es formar personal especializado en la organización y gestión de la documentación, por ello se centran en identificar los diversos recursos de información, su análisis y el diseño de sistemas para su mejor gestión. La metodología seguida a distancia, no presencial, permite a los estudiantes organizarse su propio tiempo y nos permite llegar a puntos geográficos distantes y de este modo facilita la internacionalización del aprendizaje. Tanto por el número de alumnos como por las evaluaciones que ellos mismos han realizado nos invitan a continuar en esta labor formativa y que al mismo tiempo se convierte en un canal de difusión de nuestra Universitat.
  Director de la biblioteca de la UJI 
  
  http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/noticia.asp?pkid=274698


El poder de los cuentos

El poder de los cuentos
 
Por: Anna Ristol Orriols
Licenciada en Psicología
Nota de solohijos.com

Cuentos, relatos y leyendas nos llevan a mundos irreales donde la tarea de educar a nuestros hijos resulta más fácil. No se trata de llegar a casa después de un día agotador y ponerse a LEER el cuento que nos reclama nuestro hijo, sino de COMPARTIR con él un apasionante mundo de fantasía. Ver cómo expresa su angustia ante la pócima de la bruja, sus deseos de llegar al castillo antes que el dragón, sus ansias de salvar a la princesa, y finalmente la recompensa de un final feliz.

La tarea más importante y más difícil de la educación de un hijo es la de ayudarlo a encontrar sentido a la vida. Son palabras de Bruno Bettelheim, educador, psicólogo infantil y autor de numerosas obras dedicadas al mundo de los cuentos. Según este autor, para obtener éxito en esta tarea educativa, es fundamental que los adultos que están en contacto más directo con el niño produzcan una firme y adecuada impresión en él y que le transmitan correctamente nuestra herencia cultural. Y la literatura infantil es la que posibilita esta labor.

Los cuentos infantiles satisfacen y enriquecen la vida interna de los niños
Esto es debido a que los cuentos se desarrollan en el mismo plano en el que se encuentra el niño, en cuanto a aspectos psicológicos y emocionales se refiere. Los cuentos hablan de fuertes impulsos internos de una manera que el pequeño puede comprenderlos inconscientemente y, además, ofrecen ejemplos de soluciones, temporales o permanentes, a sus conflictos.
Este tipo de historia enriquece la vida de tu hijo porque estimula su imaginación; lo ayuda a desarrollar su intelecto y a clarificar sus emociones; tiene en cuenta sus preocupaciones y aspiraciones; lo ayuda a reconocer sus conflictos y le sugiere soluciones a los problemas que le inquietan.

Los cuentos aportan a la imaginación del niño nuevas dimensiones a las que le sería imposible llegar por sí solo
El niño necesita que le demos la oportunidad de comprenderse a sí mismo en este mundo complejo al que tiene que aprender a enfrentarse. Para poder hacer esto, como padres tenemos que ayudar al pequeño a que extraiga un sentido coherente al caos de sus sentimientos. Nuestro hijo necesita ideas sobre cómo poner orden en su casa interior y, sobre esta base, establecer un orden en su vida en general.

Los cuentos infantiles generalmente proporcionan seguridad al niño porque le dan esperanzas respecto al futuro por cuanto mantienen la promesa de un final feliz. Según Bettelheim, estos cuentos pueden ofrecer soluciones a los conflictos del niño, ya que sus contradicciones internas son representadas y expresadas mediante los personajes y las acciones de la historia. Esta representación permite que al niño se le hagan comprensibles muchos de sus sentimientos, reacciones y actuaciones que todavía no entiende ni domina y que pueden llegar a angustiarle.

Los cuentos favorecen las relaciones interpersonales
Esto sucede cuando "contamos" y no cuando "leemos" un cuento. Es preferible que contemos cuentos a nuestro hijo en vez de leérselos porque, al contarlo, nosotros podemos intervenir como narradores en la historia y nuestro hijo como oyente. Contar un cuento es un acontecimiento interpersonal en el que el adulto y el niño pueden participar por igual, por lo que fortalece el vínculo padre-hijo. Recomiendo a todos los padres los libros de Arthur Rowshan y de Sara Cone Bryant, en los que se explica la mejor manera de narrar cuentos y de inventarlos.

Los cuentos transmiten mensajes educativos
A los niños les fascina escuchar una y otra vez un relato que les gusta. Los cuentos contienen mensajes educativos y valores morales importantes y ayudan a los niños a superar las dificultades con las que se encuentran a lo largo del crecimiento. De ahí que, a veces, el niño insista en la repetición del mismo cuento, porque necesita acabar de captar el mensaje que ese cuento le transmite y la solución que ofrece a su propia problemática. Es importante repetir el mismo cuento a nuestro hijo si éste nos lo pide.

Los cuentos están llenos de símbolos significativos
Los cuentos tienen un poder extraordinario debido precisamente a que los mensajes o principios que se desprenden están encubiertos. No debemos explicar el significado de los símbolos a los niños. Nuestros hijos se benefician de las enseñanzas del cuento de forma inconsciente y si intentamos reducir la riqueza de los símbolos a explicaciones conscientes, lo único que conseguiremos es que el relato no sea eficaz. Anna Ristol Orriols Licenciada en Psicología

Lea este artículo completo y profundice este tema en: solohijos.com

fuente: http://www.solohijos.com
 

Entrevista a Michèle Petit investigadora de la lectura por Ramón Salaberria

Michèle Petit cuenta con una formación pluridisciplinar. Socióloga y antropóloga, desde hace muchos años ha estudiado el psicoanálisis. Investigadora del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica de Francia), es miembro del laboratorio LADYSS (Dinámicas sociales y recomposición de los espacios).

En estos últimos años ha participado en dos interesantes investigaciones relacionadas con la lectura. La primera, realizada junto con Raymonde Ladefroux y Claude-Michèle Gardien, dio lugar a la publicación del libro Lecteurs en campagnes: les ruraux lisent-ils autrement? (Paris: BPI-Centre Georges Pompidou, 1993). Investigación realizada a partir de entrevistas con personas, de diferentes categorías sociales, que vivían en el campo y a las que les gustaba leer, donde evocaban, de manera muy libre, el conjunto de su trayectoria como lector, desde los primeros recuerdos infantiles.

La segunda, más reciente, se recoge en De la bibliothèque au droit de cité: parcours de jeunes (Paris: BPI-Centre Georges Pompidou, 1997). En ella también participaron Raymonde Ladefroux, Chantal Balley e Isabelle Rossignol. Esta investigación se basó en entrevistas con 90 jóvenes de seis barrios desfavorecidos cuya trayectoria se vio influida por la frecuentación de una biblioteca pública. De la contraportada del libro traducimos el siguiente párrafo: "Cuando se vive en los denominados 'barrios sensibles', ¿cómo la biblioteca ayuda a resistir a los procesos de exclusión y a construir su derecho de ciudadanía? La biblioteca pública es un punto de apoyo crucial en las estrategias de continuación o reanudación de los estudios; un foro informal, donde se esbozan nuevas formas de sociabilidad; un lugar que da acceso a lecturas que ayudan a elaborar una identidad singular, a llegar a ser un poco más sujeto de su destino, y no sólamente objeto del discurso de otros; y, finalmente, en algunas ocasiones,una fuente de informaciones sobre temas políticos, que puede mantener un deseo de inscripción ciudadana".

Como consecuencia lógica de ambas investigaciones, Michèle Petit ha intervenido en numerosos coloquios, conferencias y cursos de formación a bibliotecarios, tanto en Francia como en otros países, Así, en 1997 participó en Salamanca en el curso "¿Dónde están los lectores? La contribución de la biblioteca pública frente a los procesos de exclusión" (1) organizado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y en octubre de 1998 en otro curso organizado en México por la Red de Animación a la Lectura del Fondo de Cultura Económica. A partir de las conferencias impartidas en este último curso se publicó el interesante libro Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura (México: Fondo de Cultura Económica, 1999).

Una canción española dice que cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana. ¿Es el mismo caso para las bibliotecas? ¿Cuál es la relación entre pobreza y servicios bibliotecarios?

La pobreza es algo terrible porque priva de bienes materiales que hacen la vida más fácil, menos dura, incluso más divertida y, a la vez, priva también de medios para preservar una intimidad. Incluso podríamos decir que éste sería un indicador todavía mejor que el de la renta: cuanto más pobre se es de menos intimidad se dispone. Cuando se es muy pobre se está sobre la acera expuesto a las miradas de todo el mundo, cuando se es menos pobre se vive con otras nueve personas en una misma habitación. Cuanto más se sube en la escala social más se dispone de un espacio íntimo.

La pobreza también priva del acceso a los bienes culturales y a todo lo que eso puede representar, como los intercambios que se tejen alrededor de esos bienes. Un bien cultural no sólo es algo que puede hacer bien a cada uno de diferentes maneras, tanto en el ámbito del saber como en el de la construcción de sí, sino que es también un objeto en torno al cual permite intercambiar. La pobreza priva de todo esto y seguro que también de otras cosas que en este momento olvido. La pobreza expulsa al amor por la ventana y también a todo lo que acabo de referirme.

Una biblioteca pública puede en parte, sólo en parte, y en algunos contextos pues en otros quizá sea imposible, reparar un poco todo esto. No sólo es mi esperanza sino lo que ha mostrado la investigación que llevamos entre los jóvenes usuarios de bibliotecas de barrios desfavorecidos de algunas ciudades francesas.

La biblioteca puede permitir acceder, a algunos, a un poco más de lo que yo considero como derechos culturales. Pienso que cada uno de nosotros tiene derecho a acceder a bienes culturales. No es un lujo ni una coquetería de burgueses, sino algo que confiere una dignidad, un sentido en la vida y a la que todo el mundo puede ser sensible. Las personas de medios sociales muy modestos tienen con frecuencia un inmenso deseo de saber más, de aprender más. La biblioteca puede contribuir un poco a reparar el hecho de la pobreza y a permitir, también un poco, el acceso a los derechos culturales.

La biblioteca, dice usted, puede ser un lugar que facilite a las personas hacerse ciudadanos, a salir de los lugares a los que la sociedad y la historia les ha asignado, les ha prescrito. Pero, ¿hasta qué punto los gobiernos, los poderes, que han condenado, en no pocos casos, a más de la mitad de una población a la pobreza, quieren fomentar ciudadanos?

Efectivamente, yo creo que con frecuencia el poder, sea cual sea, tras sus grandes discursos no tiene ningún deseo de que alguien acceda a la ciudadanía, entendiendo por ésta no sólo el hecho de meter una papeleta en una urna cada tantos años sino ser en todos los ámbitos de la vida algo más sujeto del propio destino y no sólo objeto de los discursos de los otros.

Añadamos a ello el poder tener derecho a tomar la palabra y la pluma en lo que concierne al bien público. Es decir, tener más capacidad para construir su propia vida y tener un poco más de derecho en el capítulo del futuro compartido. La ciudadanía, en este sentido, se construye por todo tipo de vías, no es algo que venga con el nacimiento. Para poder pensar es necesario que los medios sean dados, no cae del cielo. Tomar la palabra, tomar la pluma, es algo que se aprende, no es algo dado.

Una biblioteca puede ayudar a construir la ciudadanía pero, efectivamente, no es para eso que los gobiernos, los poderes, construyen bibliotecas. Sólo en algunos casos, por aquello de las excepciones a la regla. A la hora de construir un equipamiento cultural prima más el deseo de prestigio, alcaldes que con la construcción de la biblioteca buscan, por ejemplo, mejorar la imagen de la ciudad y con ello atraer empresas. Les interesa más este aspecto o, si no, el aspecto social en el sentido estrecho del término: construyamos bibliotecas, incluso en los barrios más desfavorecidos, y así los muchachos irán allí y no vagarán por las calles. Me gustaría equivocarme pero sospecho que un cierto número de políticos tienen una representación de la biblioteca bastante próxima a la guardería y al centro recreativo.

Bueno, ésto como todo hay que matizarlo pues hay políticos que tienen un deseo real de que el poder sea más compartido. Existen y no hay que negarlo. En un mismo ministerio de cultura hay personas que tienen la idea del desarrollo de bibliotecas para que la gente adquiera más independencia y sea más activa en su porvenir y otros que consideran que si se hacen obras de beneficiencia y se inculca un patrimonio cultural común la gente va a cerrar filas como un sólo hombre en torno a ello.

Por eso, el otro día, en mi primera conferencia en México, la dediqué esencialmente a recordar las dos vertientes de la lectura que Roger Chartier (2) ha subrayado. Por un lado, la vertiente en la que se atribuye al texto una omnipotencia. Durante mucho tiempo la lectura ha sido un ejercicio que permitía someter al otro, doblegarlo a un precepto, a una identidad colectiva. Y existe otra vertiente, la de la libertad del lector. El lector se apropia de un texto y no hay la posibilidad de controlarlo completamente incluso cuando se vigila todo. En efecto, los lectores se apropian de los textos, les dan otro significado, cambian el sentido, interpretan, a su manera, deslizando su propio deseo entre las líneas. Nunca se puede controlar totalmente la manera en la que un texto va a ser leído, comprendido, interpretado.

A menudo, no siempre, la gente que está en el poder se situaría más en la primera vertiente de la lectura, la lectura que permite, en cierta medida, tener la mano firme. Pero aunque haya una intención, más o menos explícita, de este tipo, la gente se apropia de los bienes culturales con los que se encuentra y les da otro sentido.

He oído mencionar, en alguna ocasión, que en parte la investigación en que se basa el libro De la biblioteca al derecho de ciudadanía, financiada por la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura francés, nació como un intento de abrir otros caminos al determinismo del "capital cultural" que algunos seguidores de Pierre Bourdieu mantienen y que, en cierta manera, ha llevado a una parálisis en la acción de algunos bibliotecarios.

Bueno, primeramente, respecto a lo que dice no estoy del todo muy segura. Yo también he oído decir que, en efecto, las tesis de Bourdieu habían desmoralizado a algunos enseñantes y quizás a algunos bibliotecarios, no lo sé.

Bourdieu ha tenido el inmenso mérito de atraer la atención sobre el hecho de todos los fenómenos de la reproducción social y derrumbar un cierto número de ilusiones, de levantar la liebre y de recordarnos que debemos estar vigilantes sobre ello. Tampoco pongo en duda su compromiso muy sincero al lado de la gente desfavorecida y muestra de ello es su labor en estos últimos años.

En estos momentos no se puede ver un periódico en Francia que no contenga artículos en favor o en contra de las tesis de Bourdieu. Yo no tengo ganas de optar sobre eso. Lo que puedo decir es que Bourdieu ha desarrollado conceptos que son muy importantes y que hay que retener.

Bourdieu no, pero quizás algunos de sus epígonos, entre los que se encuentran personas de gran calidad, han perdido un poco de libertad de pensamiento al querer estar muy cerca de la teoría del maestro y se han visto con dificultades para pensar sobre algunas dimensiones. Yo creo que toda la dimensión que concierne a la elaboración de la subjetividad no la ven, la ven mal o la situan al lado de fenómenos casi religiosos. Lo digo porque hay un número reciente de Actes de la Recherche en Sciences Sociales que contiene contribuciones interesantes y que se denomina "Génesis de la creencia literaria". No creo yo que la lectura literaria sea una creencia, sino que está más cerca de la sublimación. La sublimación, la creencia o la religión no son lo mismo. Freud decía que la religión estaba del lado de la ilusión, y que la sublimación estaba en otro orden, es un mecanismo de defensa.

Personalmente nunca he sido bourdieusana ni tampoco anti. No es mi asunto. Hay aspectos de los trabajos de Bourdieu que me interesan pero, en mi acercamiento a la lectura, he estado más marcada por alguien como Michel de Certeau y especialmente su famoso texto Lire: un braconnage (3). De hecho, él se preocupó poco por las disciplinas universitarias como tales, pues era historiador, muy interesado en el psicoanálisis, antropólogo, y quizás tuviera un poco más de libertad de pensamiento.

En el origen de la investigación que llevamos sobre los usuarios de bibliotecas en algunos barrios desfavorecidos franceses yo no redacté la licitación, pero sí que se decía que había, quizás, otra manera de ver las cosas que el de la reproducción social y que quizás las bibliotecas, aunque fuera sobre un número restringido de personas, tenían el efecto de desbaratar la tendencia de la reproducción social. Eso me atraía porque siempre me han interesado más las personas que no se quedan en la plaza que socialmente se les ha asignado, que la lógica de la reproducción, del sistema.

Está claro que la reproducción social existe, y que siempre hay que tenerla presente, pero eso no significa que nada se mueva. Y yo, por cuestiones de sensibilidad personal, siempre he estado más interesada por lo que se movía que por lo que se perpetuaba.

Me interesaba también esa investigación porque se centraba más en las singularidades que en la representatividad, aunque hubiera que tener en cuenta, lógicamente, la diversidad. También se decía de manera explícita en la licitación de esa investigación que se deseaba especialmente que los métodos fueran cualitativos.

En sus textos, a la hora de analizar la construcción del lector, el fenómeno de la lectura, usted recurre en ocasiones a las teorías psicoanalíticas. No es un recurso muy frecuente a la hora de tratar estos temas. ¿Cuál es su interés?

Tengo una formación pluridisciplinaria. Al principio mi curiosidad se dirigía a los hechos sociales pero nunca he podido pensar lo social independientemente de los hombres y mujeres singulares que lo componen. Con ello no quiero decir que no se pueda pensar de tal manera, pues por ejemplo pueden hacerse estudios formidables a partir de materiales estadísticos. Pero no es ese mi tipo de aproximación.

Tras mis estudios clásicos de sociología hubo un fenómeno que influyó mucho en mi desarrollo personal y profesional: mi encuentro con el psicoanálisis. Yo misma seguí muchos años de análisis y estudié las enseñanzas que se impartían en los años 70 en la Universidad de Vincennes en lo que se llama el Campo freudiano. Yo tenía deseos de ser antropóloga, pero del mundo contemporáneo, no estudiar una pequeña etnia que se reproduce idénticamente. Lo que yo quería era observar el mundo contemporáneo y concretamente lo que se movía, no lo que se perpetúa, como decía anteriormente.

En esos años 70 yo me aburría mucho en el CNRS, en el medio donde yo trabajaba. Reinaban, desde mi punto de vista, la rigidez, los dogmatismos, una intimidación mutua y una autointimidación que contrastaban con la efervescencia intelectual de Vincennes. Esta intimidación mutua, en cierta manera, ocurre con mucha frecuencia en el medio universitario. No hay demasiada libertad de pensamiento, siempre se está escrutado por los otros colegas, desgraciadamente. En esos años, lo que yo aprendía y descubría, especialmente del psicoanálisis, no lo podía utilizar, no existía la posibilidad, allí donde yo estaba, de articular lo singular y lo plural. Pero pude completar mi formación de una manera más personal respecto a lo que había aprendido en mis estudios universitarios.

En los 70 muchos investigadores estuvieron muy marcados por un marxismo muy rígido o por un estructuralismo también rígido. Y eso, aunque yo siempre haya sido de izquierdas, no me interesaba, nunca he podido ver a las personas a grandes rasgos, al por mayor. En esos años muchos investigadores que, por ejemplo, hacían investigaciones en medios desfavorecidos daban la sensación de que a los seres singulares no los veían, veían a las personas como muestras representativas o como una especie de ejemplo en carne y hueso, o como grupo social, pero no como personas singulares también.

En los años 80 ya pude articular un poco más lo singular y lo plural en otros temas distintos al de la lectura, en los que trabajaba entonces. Privilegiaba una aproximación biográfica al fenómeno.

Posteriormente, colegas del laboratorio donde trabajaba, que conocían bien el mundo rural, respondieron a una licitación de la Bibliothèque Publique d'Information (BPI) sobre una investigación de la lectura en el mundo rural. Esto me atrajo también porque habían previsto métodos cuantitativos y cualitativos y estos últimos me interesaban. Me di cuenta de que trabajar sobre la lectura se unía a mi interés por el psicoanálisis porque había comprendido que lo que determina la vida de los humanos, en gran medida, es el peso de las palabras o el peso de su ausencia. Cuanto más capaz se es de nombrar cualquier cosa más apto se es para vivirla y para cambiarla.

Recuerdo que Bruno Bettelheim narró que cuando se encontraba en un campo de concentración las personas más frágiles y desvalidas eran las que no comprendían, las que no tenían palabras para explicarse por qué estaban allí, mientras que las que podían analizarlo, formalizarlo, tenían más recursos de sobrevivencia incluso en una situación tan espantosa. Esta es la importancia de esta dimensión simbólica, de esta dimensión relativa al lenguaje. Comprendí, también por el psicoanálisis, que al recomponer de otra manera un universo simbólico, linguístico, eso puede contribuir un poco a desplazar otras cosas en otros ámbitos de la vida. Un poquito, tampoco hay que imaginar que va a transformar todo.

Por otro lado, cuando fui, en el momento de hacer las entrevistas, a que me comentasen en qué la lectura les había podido o no cambiar algo en su vida, me sorprendió ver que espontáneamente los jóvenes, incluidos los de medios sociales modestos, hablaban rápidamente de lo que eso había podido cambiar en la representación de sí mismos, en la representación de la relación con el mundo y en la relación con los otros. Esto ya lo había sentido cuando trabajaba en las entrevistas sobre la lectura en el medio rural pero se hizo más patente cuando trabajamos con los jóvenes de los barrios desfavorecidos. Muchos de estos jóvenes nos han hablado de la importancia que había tenido la lectura, incluso fragmentaria, episódica, en la construcción de sí, en el sentido amplio, esto es, la apertura del imaginario, la constitución del espíritu crítico, la elaboración de una relación algo diferente con los próximos, sea la familia, el grupo étnico en algunos casos, los amigos. La lectura constituyó para estos jóvenes un medio de representarse ellos mismos de manera diferente y eso provocaba que tuvieran una representación de sí mismos más rica, más diversificada, más abierta, más en movimiento, que la representación rígida de la identidad que, muy frecuentemente, se tiene.

Hay personas que sí se han acercado a la lectura desde una perspectiva psicoanalítica como Marie Bonnafé que desde hace años, por ejemplo, ha trabajado el tema de la lectura y los bebés. También hay algunos psicoanalistas que han desarrollado este tema, especialmente con los niños muy pequeños, y sigue habiendo gente por aquí y por allá que siguen trabajando el tema, pero es verdad que podría desarrollarse más.

Un acercamiento de la biblioteca pública a los públicos originalmente no predestinados a su uso exige más allá de un "deseo", de una "buena voluntad", una reflexión y acción sobre el tipo de documentos que la biblioteca va a poner a disposición, las formas de presentar esos documentos, la señalización de la biblioteca. En este sentido, ¿cuáles cree usted que son las medidas más urgentes sobre las que habría que actuar?

Es verdad que los jóvenes usuarios de medios populares son muy sensibles a la implicación personal de un profesional, de un bibliotecario, lo que no significa, forzosamente, un tipo chistoso, enrollado. Claro está que tendrá una actitud condescendiente pero eso no quiere decir un demagogo, uno que vaya con el rollo de que somos iguales, somos colegas.

Son también muy sensibles al hecho de que no se puede transmitir más que desde la experiencia que se tiene. Y si alguno tiene buena voluntad pero también un sentimiento muy ambivalente respecto a la lectura, eso es lo que el muchacho entenderá. Comprenderá que tras un discurso de buena voluntad existen sus reservas, que tras hermosas palabras se esconde un discurso respecto a la lectura muy culpabilizado y que se plasma en preguntas, más cercanas al orden de la moralidad, como "¿cuáles son las lecturas válidas?", "¿qué es un buen lector?".

Tener una voluntad profunda de acogida a los otros, tener en el equipo de la biblioteca a alguién que tenga un conocimiento del libro y una postura no ambivalente hacia la lectura y, sobre todo, un gran profesionalismo, son los tres elementos claves. Cuando digo profesionalismo no lo hago en el sentido tecnicista sino en el sentido de siempre plantearse cuestiones, de dudar y, sobre todo, de inventar. Reflexionar sobre cómo va a moverse en esta biblioteca tal muchacho del barrio, cómo va a percibir todo ese muro de libros, si va a saber orientarse. Pensar esos aspectos en función de tal tipo de usuarios y no únicamente en función de la CDU.

Las bibliotecas con las que trabajamos a la hora de realizar la investigación sobre los usuarios de las bibliotecas de barrios desfavorecidos están entre las mejores, con una larga experiencia en este ámbito de la lectura pública. Me di cuenta, al hablar con estos bibliotecarios, que cada detalle estaba pensado. Por ejemplo, en Bobigny, en el momento de la encuesta, estaban construyendo una nueva biblioteca anexa. La directora había pensado tanto en la elección del tipo de sillas como en la constitución del fondo documental. Todo estaba reflexionado y pensado. En consecuencia, creo que es la alianza de tres aspectos: un deseo real de hospitalidad, una relación con el libro no ambivalente o culpabilizadora y una inteligencia activa en todo momento.

Pero cuando ustedes han hecho las entrevistas con esos muchachos y muchachas de barrios desfavorecidos, ¿han apreciado en sus discursos como algo remarcable la importancia que acordaban a la disposición del espacio, a la señalización?

Son muy sensibles a todo ese tipo de aspectos, al espacio físico de la biblioteca, más o menos bello, acogedor, claro, pero a la vez que ofrezca rincones más privados. Siempre es así de sutil. Son muy sensibles a la manera de exponer los libros y a una señalización más o menos legible. Cada uno de estos detalles es sumamente importante. Se dan cuenta de todo. No han cesado de decir que deseaban una biblioteca viva, pero no sólamente en el sentido de animada, sino de la renovación del fondo documental, de posibilidades de orientarse, que no sea sólo muro tras muro de libros. Eso requiere una configuración de los lugares que esté finamente pensada y una presencia real de los bibliotecarios.

Esto último es interesante pues lo han remarcado continuamente y pienso que no lo hubiera señalado tanto un público más favorecido, más escolarizado. Cuando, por ejemplo, yo voy a una biblioteca paso de si los bibliotecarios me dan los buenos días o no. Al contrario, prefiero que me dejen en paz. A cualquier biblioteca que vaya me sé desenvolver en tres minutos y localizar lo que quiero. Las personas que han tenido una escolarización elevada pues imagino que actuan como yo. En cambio, para alguien que está socialmente poco autorizado para estar en una biblioteca, todos estos aspectos son muy importantes.

También puede existir un efecto de discursos contradictorios. Si tenemos las mejores intenciones del mundo pero, a la vez, concebimos un espacio muy hermético para la biblioteca, entonces abrimos con una mano y cerramos con otra, deseo que vengas y por el otro lado estoy manifestando, con mi concepción del espacio, que no lo hagas. Esto nos lleva a contradicciones y ambivalencias profundas. Usted señalaba las del poder, las de los gobiernos, pero yo creo que todo el mundo ha de interrogarse sobre ello. Y si bien en muchos bibliotecarios existe ese real deseo de abrir la biblioteca a todos los públicos, también persiste en otros la vieja idea de que sería mejor si no hubiera público, que no hace más que estropear los libros.

Usted, por su formación (en sociología y antropología) y profesión (miembro del laboratorio LADYSS del CNRS-Université de Paris I) no es bibliotecaria. Pero al haber realizado diversos estudios sobre la lectura en el mundo rural o en los barrios desfavorecidos de grandes ciudades francesas ha entrado en contacto con la biblioteca pública y, en concreto, con los bibliotecarios. ¿Qué es lo que ha encontrado (quizás sin buscar)?

Es difícil tener una representación general de la profesión. Frecuentemente he visto a los bibliotecarios en las situaciones más óptimas para ellos ya que les veo en cursos de formación profesional, coloquios, etcétera, y muy a menudo no están de una manera obligada sino que lo han escogido. Esto ya hace una selección, pues son personas con un deseo de formación, con inquietudes. Además, salvo en algunas ocasiones, no les veo en su actividad profesional, en el día a día. Ya sabemos que cuando hay una reunión, un coloquio, un curso, siempre se da un cierto grado de exaltación, uno se ve que no está tan sólo, que hay otros compañeros con las mismas inquietudes.

Haciendo todas estas precisiones, he de decir que me gustan los bibliotecarios en el sentido de que, frecuentemente, me sorprenden su relativa libertad de pensamiento, la buena circulación de informaciones y experiencias entre ellos y, quizás me equivoque pero así lo veo, su lado un poco libertario. Lado en algunos casos un poco extremo que, por respeto estricto al usuario, provoca que no ayude al usuario, o a cierto tipo de ellos, cuando quizás lo tuviera que hacer.

Tengo una representación positiva de los bibliotecarios que he encontrado, que son, hay que precisarlo, bibliotecarios municipales y públicos situados en lugares nada fáciles, lo que no deja de ser una categoría de bibliotecarios. Creo que es una profesión que ha evolucionado rápido, al menos en Francia donde existía un gran retraso.

Sí, tengo mucha estima por los bibliotecarios. Muchas de las personas que he encontrado en el medio de las bibliotecas públicas, y no sólamente en Francia, tienen un espíritu real de servicio público, en el mejor sentido del término. Es decir, un planteamiento continuo sobre cómo servir bien al público.

Y para esos jóvenes de barrios desfavorecidos con los que ha realizado entrevistas sobre la biblioteca y la lectura, ¿qué son para ellos los bibliotecarios?

Para ellos, lo primero y lo más claro es que son alguien distinto a los enseñantes. Desgraciadamente para los profesores, muchos de esos jóvenes perciben la escuela como un lugar institucional, en el peor sentido del término, limitante, y el aprendizaje en la escuela como algo cercano a la sumisión (incluso si frecuentemente diferencian entre la institución y tal enseñante, el cual está dotado, desde su óptica, de todas las cualidades). Por el contrario, la biblioteca es percibida, incluso si para muchos es un lugar para hacer las tareas escolares, como una tierra de libertad. El bibliotecario es claramente percibido como alguien que no es un profesor, aunque tengan en común que están en el lado del saber. Incluso creo que tienen una representación un tanto idealizada del bibliotecario pues tienen la idea de que lo sabe todo, que ha leído todo, casi un saber universal.

Aparte de estas consideraciones generales no hablan mucho del bibliotecario como una categoría sino de tal o cual bibliotecario. Se dan cuenta rápido de quien es quien.

Notas:

  1. PETIT, M.: "¿Cómo pueden contribuir las bibliotecas y la lectura a la lucha contra la exclusión?", en: ¿Dónde están los lectores? La contribución de la biblioteca pública frente a los procesos de exclusión: Actas V Jornadas de bibliotecas infantiles, juveniles y escolares. Salamanca: Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1998.

  2. CHARTIER, R.: "Textes, imprimés, lectures", en: POULAIN, M. (dir.): Pour une sociologie de la lecture: lectures et lecteurs dans la France contemporaine. Paris: Cercle de la librairie, 1988, pp. 11-28.

  3. CERTEAU, M. de: L'Invention du quotidien, 1/ Arts de faire. Paris: Gallimard, 1990.


Esta entrevista fue extraída, con autorización de los editores, de la revista Educación y Biblioteca. Año 10, N° 96; Madrid, diciembre de 1998.

Imaginaria agradece a su autor las facilidades brindadas para su publicación en esta página.

Ramón Salaberria (biok@mail.internet.com.mx) es investigador español, especializado en el tema de las Bibliotecas. Dirigió durante varios años la revista Educación y Biblioteca y actualmente reside en México.


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Un premio a la excelencia (la lectura)

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pNumEjemplar=1485&pIdSeccion=52&pIdNoticia=472036

La Nueva España
Lunes 11-12-2006

Un premio a la excelencia


FRANCISCO PALACIOS
Según encuestas recientes, casi la mitad de los adultos en España declara que no ha leído un libro en su vida. Y un buen porcentaje lee cuando «no tiene nada mejor que hacer», como si la lectura fuera un ejercicio inútil. En el mundo de la enseñanza, los escolares de Primaria leen más que los de Secundaria; y éstos a su vez leen más que los de Bachillerato y los universitarios; un 38% de estos últimos confiesa que no lee nunca libros, lo que no deja de ser significativo. Sin embargo, las estadísticas recogen también que nunca se ha leído tanto en España como ahora -un 20% más que hace dos décadas-, ni tanta variedad de libros y formatos ni a edades tan diferentes. En cualquier caso, a pesar de esta favorable tendencia, sólo Grecia y Portugal tienen índices de lectura inferiores a los nuestros.

Y con el fin de propagar el hábito lector entre los niños y adolescentes, el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco Martínez, ha declarado que es necesario fortalecer las bibliotecas escolares, como un instrumento de primer orden, ya que «formar lectores es formar ciudadanos libres y críticos».

Asimismo, ése es uno de los objetivos principales del reciente proyecto de ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas, que reconoce la necesidad de impulsar las bibliotecas en los centros públicos escolares para reforzar los hábitos lectores en el alumnado «en todas las áreas del aprendizaje como dinámica imprescindible para participar en la sociedad del conocimiento», de acuerdo con lo expresado en la ley orgánica de Educación (LOE). (A mi juicio, el verdadero éxito de acercar el libro al lector, además de los muchos intereses editoriales y comerciales en juego, dependerá en buena medida de qué libros se lean, con qué criterios se haga, para qué fines).

Se suele considerar la lectura como una suerte de infalible recurso taumatúrgico. Y como el mejor instrumento de promoción y regeneración social. En los años treinta del siglo pasado, a una Biblioteca Popular Circulante de una aldea langreana se le puso el nombre de «La redención del pueblo».

Saber leer, escribir y contar todavía era un privilegio en la España de la II República. Esos saberes se destacaban en los documentos de identidad.
Veamos un ejemplo de ese carácter utilitario atribuido a los libros. En mayo de 1873 -tres meses después de proclamarse la I República- se inaugura en La Felguera el Casino de Obreros, donde al parecer celebraban sus reuniones los metalúrgicos internacionalistas de Duro y Compañía. Este casino era el primer centro de su naturaleza en Asturias con biblioteca propia. Su presidente Tomás Mendoza Marrón, farmacéutico y masón, se dirige a los socios y correligionarios aleccionándolos con estas palabras: «Instruyéndote, compañero, leyendo libros, ¡cumples tu sagrado deber de hombre libre sobre la tierra! Debemos aclimatar la asociación económica, la política y la cultural, estableciendo la lectura pública, el manejo de periódicos, folletos, libros y fomentar el gusto estético y la utilidad, oyendo a personas ilustradas y celosas de los intereses del obrero, abandonando el prurito de hablar sin conciencia de lo que se dice y huyendo de cuestiones miserables de
 localidad y personales».
En julio de ese año Mendoza Marrón solicita al ministro de Fomento libros para el casino. Lo hace en estos términos: «Tres mil obreros del carbón y del hierro os piden ese favor. No dudéis de su amistad política (republicana). No dudéis de su amor a leer. Que lean, ciudadano ministro. Leyendo para ser útiles a la patria».

También se ha magnificado la real influencia de la lectura. Hay circunstancias políticas y períodos históricos en los que, por la propia ignorancia de los censores, se atribuye a los libros el carácter subversivo que no tienen. Se asocia entonces cultura e insurrección. En Chile, durante la dictadura de Pinochet los soldados quemaron libros de pintura cubista porque sus jefes les hicieron creer que se trataba de propaganda de la Cuba castrista. Asimismo, tras ser sofocado el movimiento revolucionario del 34, en un verdadero auto de fe, fueron quemados por las tropas gubernamentales más de quinientos libros del Ateneo Obrero en el parque de Sama.

Por otra parte, volviendo a la promoción de la lectura y guardando todas las distancias históricas, sociales, políticas, culturales que desde entonces se han producido, el Ministerio de Educación y Ciencia ha convocado la pasado primavera el concurso nacional «Buenas prácticas de dinamización e innovación de bibliotecas escolares», cuyo objeto es convertir la Biblioteca escolar en un espacio integrador de la acción educativa y un recurso útil para el fomento de lectura y adquisición y desarrollo de las habilidades asociadas a la búsqueda y tratamiento de la información.
Pues bien, uno de los centros galardonados a escala nacional por el Ministerio de Educación y Ciencia ha sido el Instituto de Enseñanza Secundaria Jerónimo González de Sama de Langreo. La iniciativa premiada, que se llama «Jerobiblio», fue elaborada y puesta en práctica por nueve profesores del centro langreano.
Además del servicio de préstamo y consulta de libros, en el programa «Jerobiblio» se incluyen talleres, concursos literarios, recitales poéticos, así como diferentes actividades de investigación relacionadas con el universo de los libros; «Jerobiblio» cuenta, asimismo, con la activa participación del alumnado.

Corren tiempos en los que la enseñanza pública, sobre todo, se ve asediada por problemas que frecuentemente se magnifican, ocultando la labor diaria, difícil, callada, fructífera de cientos de profesores.

Por eso parece obligado significar especialmente la importancia de este premio a la excelencia concedido a los nueve profesores del IES Jerónimo González, que han dignificado así tanto su trabajo como a la enseñanza publica en general.