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Ángela Peralta Pino: historia de una pasión

Ángela Peralta Pino: historia de una pasión

 

"Angelita los sigue, quiere que aprendan y lo logra.

Su tarea no era muy bienvenida por los dueños de los campos

que no querían que sus peones se instruyan ni tomen conciencia

 de que había otra vida y derechos laborales.

Pero Angelita seguía abriendo caminos."

 

La enseñanza rural es algo muy singular. En algunos casos casi un milagro, esa clase de milagros que son una mixtura entre el sueño de alguien contenido entre las manos de Dios. Lo valioso es cuando detrás de las verdaderas hazañas encontramos personas corrientes animadas por un proyecto noble y generoso.

Si no se nace con genes de héroe, se puede lograr  cuando la voluntad es firme para asumir de modo comprometido el proyecto y se lo convierte en destino.

De esta nobleza fue Ángela Peralta Pino, una maestra de 39 años, nacida en Providencia, Las Colonias, Provincia de Santa Fe en 1901, que en el año 1940 fue designada Directora de 6ta categoría y maestra de grado con el sueldo mensual de doscientos pesos m/n para prestar servicios en la escuela nº 942 Los Guasunchos.

Hasta aquí un nombramiento que no tiene nada de particular salvo por una característica peculiar que poseía esta escuela: era un vagón o coche motor ferroviario, reacondicionado al costo de $ 10.000 que era remolcado por algún tractor hacia diversos destinos en el norte de la provincia, en pleno monte santafesino, zona donde el algarrobo y el quebracho eran devastados por compañías extranjeras, entre otras La Forestal, quines recuerden esa otra historia no pueden obviar los recuerdos conmovedores por su inhumana explotación.

Durante 22 años Ángela recorre los obrajes: Los Guasunchos, Los Quebrachales e Itapé; las zonas rurales: Santa Margarita, Los Guanacos, Las Cuatro Bocas, El Mate. En 1950 pasa a Las Colonias: La Avanzada, La Carreta, La Hiedra. 

Cuando hubo que designarla, se analizó su anterior actuación, ya que había ejercido como maestra desde joven en zonas rurales o estancias familiares. Así se descubre que no tenía título habilitante. Ángela no había podido completar la Escuela Normal en Rafaela - donde fuera compañera de Leticia Cossettini-. Pero la sensatez se impuso: era más importante su experiencia real y su trayectoria hecha de entrega que el título.

La historia cuenta que Ángela era una cristiana profundamente creyente y convencida practicante que hizo de su profesión un compromiso lleno de renunciamientos y la dedicación. Entre otros detalles para aceptar ese cargo y esa vida Ángela decidió, acordadamente, renunciar a casarse. Pero esto sería otra historia más personal. La vida de esta maestra no es tan solo una pintoresca curiosidad escolar, es una señal de otro país posible reorganizando nuestros valores.

No voy a negar como me ha maravillado encontrarme, ya sea por casualidad o causalidad con esta historia de vida y con el suceso que por esas cosas que hoy nos permite la tecnología y me gusta pensar también un poquito la mano de Ángela me ha sucedido al intentar localizar por medio de un mail enviado a la lista de Bibliotecarios Argentinos, un ejemplar del libro agotado Ángela Peralta Pino, Historia de una pasión Ediciones AMSAFE, Colección Historias de Vida 5, Santa Fe, 1998, 247 pág.

Resulto ser que entre algunas respuestas a mi búsqueda, su autor, cuyo seudónimo es Fernando Ráber, fotógrafo profesional, quien rescata y relata con profunda emoción y admiración la historia, le ha llegado mi correo por alguna otra vía y ha dispuesto generosamente donar un libro a la Biblioteca El calicanto, del Centro Cultural La Cañada, de la Ciudad de Córdoba, donde colaboro junto a otro grupo muy particular de “heroínas de lo cotidiano”.

 

Dos últimas pinceladas:  

 El vagón escuela se encuentra bajo un algarrobo en el Museo Histórico de la Ciudad de Tostado, Provincia de Santa Fe. No se ha perdido. Un extraño acontecimiento en nuestro país donde se han esfumado literalmente tantos recuerdos, donde el olvido es la goma de borrar que desdibuja las hazañas de muchas Angelas

Ángela Peralta Pino, La maestra "caracol" falleció en 1991. No hace tanto tiempo. No hay derecho al olvido.

La otra pincelada:  una canción que la recuerda, no he podido localizar a su compositor:

Del monte llega una voz 
de adentro de la madera, 
el que le presta atención
no escucha una voz cualquiera.
Escucha la voz de un ángel
que está enseñando en la escuela.
¡Qué extraño en ese lugar 
de abrumadora miseria
encontrar a la bondad
dándose a todo el que llega.
Saber que para encontrarla
basta asomarse a una puerta!

Puerta de escuela rodante, 
puerta que abre otras puertas,
puerta de amor ambulante
que donde pasa se queda.
Que en los remotos obrajes
del norte santafesino
anda repartiendo un ángel,
Ángela Peralta Pino.

Llevada por un tractor
los obrajes atraviesa
la maestra "caracol"
llevando su escuela a cuestas:
su pizarrón, su pupitre,
su campana, su bandera. 
Y a mucho más que enseñar
donde haga falta irá ella. 
Irá donde hay que curar, 
irá a los que nadie llega.
Porque al amor y a la vida
ella les puso una puerta.

 

 

 

 

 

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2 comentarios

Ana -

Gracias Fernando, lo agrego

fernando -

le dejo la direccion de youtube..de una zamba en homenaje a angelita
http://www.youtube.com/watch?v=fnK5A4sSfuU
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