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El Norte y la brújula por Daniel Goldin*

Gracias al trabajo de muchos investigadores, hoy sabemos que leer y escribir son actividades que han tenido distinta significación social a lo largo de la historia. Sabemos también que leer y escribir tiene una profunda significación en el desarrollo emocional, cognitivo, social y cultural de un individuo. Pero apenas empezamos a vislumbrar las formas en que estos factores intervienen y se modifican recíprocamente […].

”Desde hace algunos años, la discusión sobre la lectura parece centrarse en una ansiosa carrera por vaticinar el futuro de los libros o, para hacernos eco de los augurios más extremos, por saber si tienen porvenir. Es imposible desconocer esta inquietud. Pero no quisiera sumarme acríticamente a ella.

”Por lo demás, no creo que tal proliferación de discursos acerca del futuro sea sólo un fenómeno espontáneo. Al menos en parte, responde a fuertes intereses económicos de grupos y personas que medran con el terror. Y yo desconfío instintivamente de quienes se alimentan del miedo ajeno.


”Suponer que el futuro de la cultura escrita está determinado por las posibilidades técnicas para producir o hacer circular textos es un error alevoso. La técnica abre oportunidades; los hombres voluntaria o involuntariamente disponen. Por lo común, hay una distancia muy grande entre los usos y fines previstos por los diseñadores y los que adquieren en manos de los usuarios […].

”Desde hace años sostengo que lo esencial para trabajar en un proyecto de formación de lectores es tener un Norte y disponer de una brújula.

”La idea del Norte es obvia: para ir a algún lado debemos saber a dónde queremos ir, a menos que uno se proponga sólo vagabundear, lo que en sí es un Norte. La idea de la brújula no es menos trivial. Responde a la dificultad de avanzar en línea recta, algo que, como sabemos, es fácil en el mundo de las matemáticas, pero harto complicado en el nuestro, en el que, por alguna extraña razón, vayamos a donde vayamos, en el camino siempre se atraviesa un abismo o una roca o nos amenaza un maleante o un toro con los ojos inyectados. Para esquivarlos, es necesario dar rodeos, saltar o meterse en un río. Y, claro, no extraviar la dirección. Justamente por eso es importante llevar siempre una brújula.

”El Norte que guíe un proyecto de formación de lectores debe ser descubierto y sobre todo debe ser –como el que atrae la brújula de los exploradores– un Norte magnético. Es decir, debe ser capaz de comprometer nuestro ser plenamente. No olvidemos que el potencial movilizador de las palabras escritas o escuchadas está fuertemente condicionado por el halo que las envuelve.

”Tampoco la cuestión de la brújula es banal. Se trata de un aprendizaje complejo para relacionar emociones y percepciones, internas y externas, con ideas propias y ajenas. Y conviene recordar que las instituciones educativas rara vez estimulan este aprendizaje que, como se puede colegir, le da al educando condiciones de autonomía frente a la propia institución y sus representantes”.

*Editor del Fondo de Cultura Económica y especialista en literatura infantil

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