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Biblioteca y Aula

Pensar el Libro: La Lectura

 Por Isadora de Norden, Directora del CERLAC

Los lectores son hoy por hoy los principales protagonistas cuando hablamos de lectura o de temas referidos a la cultura de la lengua escrita. Antes eran los libros. Y aunque estos siguen siendo esenciales en esta era de la información, ya no son el eje central. Ha habido un cambio de foco. Este desplazamiento del libro al lector favorece enormemente la democratización de las prácticas lectora y escritoras, en la medida en que pasamos del singular al plural. Hablar de lectores, en plural, significa hablar de una diversidad rica y variada de gustos, intereses, necesidades, deseos, interpretaciones y aplicaciones de la lectura y la escritura. Significa fomentar el uso de diferentes materiales de lectura para diferentes propósitos y en diferentes situaciones. Esta diversidad que parece tan obvia no lo es tanto y no lo ha sido a lo largo de la historia del libro y la lectura. Estamos actualmente viviendo una pluralidad que se refleja en la construcción de políticas, en el diseño de múltiples programas de promoción de lectura y en la búsqueda de nuevos lectores.

Bien lo señala la experta Eliana Yunez en su artículo sobre las políticas públicas de lectura. Hablar de políticas y no de una política, dice Yunez, es una invitación a diseñar estrategias variadas de acuerdo con las sociedades, localidades, regiones y países. Esto lleva a dos tareas de gran importancia para la formulación e implementación de políticas públicas: una, la articulación de esa diversidad. Más que crear planes, proyectos y programas desde el Estado, lo que se requiere es articular entre los agentes sociales, públicos y privados, oficiales y particulares, que puedan movilizarse a favor de la diseminación de prácticas lectoras. Y la otra tarea es la organización de las comunidades a favor de la lectura: organizarnos en la escuela, en el condominio, en la fábrica, en la comunidad, lo que potenciaría políticamente las acciones de promoción de lectura.

Esta conciencia de la necesidad de formar lectores y usuarios de la lengua escrita, como algo que resulta indispensable en la época actual considerada como la sociedad del conocimiento, se refleja en todos los campos y en todos los sectores. De allí que el tema desarrollado por la experta mexicana, Elisa Bonilla se centre en señalar el reto que tiene la escuela básica de formar a los ciudadanos de un país democrático. Esta formación implica igualmente el reconocimiento de la diversidad de lectores capaces de generar ideas propias, de conocer las ideas de otro a través de lo escrito, de responsabilizarse de su postura personal y argumentarla. Para lograr este desafío que tiene la escuela hoy, es necesario transformar la pedagogía de la lectura y la escritura. No podemos seguir pensando que hay una sola forma de leer, ni un solo tipo de texto, ni una sola razón para leer. Y de nuevo surge la multiplicidad, la diversidad. La institución educativa se fue quedando por fuera de las prácticas sociales y culturales de la lectura y la escritura y fue reduciendo y volviendo artificial la enseñanza de la lecto-escritura. Esta situación ha generado un llamado de alerta a la escuela para que revise su concepción de la lectura y la escritura y le abra de una vez por todas las puertas a las prácticas sociales de leer y escribir, verbos que definitivamente no deberían seguir conjugándose en un tiempo infinitivo, congelado y vacío de sentido. La escuela no puede continuar con una simple pedagogía de la decodificación centrada en los primeros grados, sino que tiene el desafío de desarrollar en los estudiantes destrezas, habilidades y competencias para hacer uso de la lengua escrita en todas sus dimensiones.

Por fortuna la tarea de formar lectores es un esfuerzo compartido. Una de las instituciones que tiene como misión la formación de lectores y usuarios de la lengua escrita es la Biblioteca. La revista publica un documentado artículo del especialista chileno, Ricardo López que nos muestra la transformación de las bibliotecas públicas en Chile y plantea los desafíos que tienen las bibliotecas hoy para lograr realmente convocar a una verdadera participación ciudadana y transformarse en espacios de intervención social que logren disminuir la exclusión. Es necesario que la biblioteca interactúe con su comunidad y se vuelva un espacio de socialización que logre que la gente se apropie de ella, la haga suya y genere acciones conjuntas donde los libros y los materiales de lectura no sean sólo fuentes de información sino que generen comunicación, y como acertadamente agrega López: “logren la comunicación con el desarrollo, aunque sea a la pequeña escala de las necesidades de un hombre o una mujer, que buscan —como lo hacen cotidianamente— dar un pequeño paso para librarse de su pobreza. Al menos así acontece en Chile y, seguramente, en el resto de Latinoamérica.”

En esta misma línea, la promoción de la lectura también es un asunto de los editores quienes cada vez más amplían su conocimiento del público lector. No basta con tener en el imaginario al lector, es necesario que este sector se de cuenta del compromiso social que tiene con la formación de una sociedad lectora. Preguntas como ¿es el editor un promotor de lectura? ¿Es parte de su profesión promoverla? son el centro de las reflexiones del editor argentino, Leandro de Sagastizabal.

Esta reivindicación del lector ha generado no sólo programas, proyectos, políticas y acciones que se ocupan de estimular las prácticas lectoras, sino que está orientando los estudios de tipo cualitativo tendientes a observar el comportamiento lector, a indagar sobre las actitudes, las motivaciones y los usos que se le dan a los libros y la lectura en las sociedades actuales. El CERLALC está adelantando un trabajo para la formulación de una Metodología para la medición del comportamiento lector en Iberoamérica . Por esta razón la revista ha querido publicar una encuesta adelantada en Canadá durante el 2005, que indaga sobre los gustos lectores, sobre la compra de libros por placer de los lectores de habla inglesa y francesa de ese país y sobre los usos de las bibliotecas públicas y de internet.

En esta época donde la globalización tiende en muchos aspectos a homogenizar, la mirada hacia los lectores y la promoción de la lectura abre la posibilidad de reivindicar la diversidad cultural de nuestros países.

http://www.cerlalc.org/revista_noviembre/editorial_2.htm

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